sábado, 5 de diciembre de 2020

El protector de tus sueños

Duerme tranquila, duerme feliz. No importa la hora ni el momento, si el sol se pone o acaba de salir.

Duerme profundo, duerme ligero. Que nada interrumpa tu sueño, que se pare el mundo entero.

Duerme sin miedos, duerme protegida. Porque todo cuanto quiera dañarte se enfrentará a mi ira.

Escudado tras una sonrisa y armado con nuestro amor, deja que yo sea de tus sueños el protector.






miércoles, 17 de enero de 2018

La tormenta y el búho


Hay canciones que remueven sentimientos de lo más profundo del alma, aunque no siempre sean positivos. Pero es nuestra elección decidir qué hacer con los sentimientos que se producen en nuestro interior. Dedicado a la estrellita brillante que prende mi inspiración.


La tormenta y el búho
A veces las nubes caen y la tormenta se acerca. Una angustia impenetrable solamente iluminada por fugaces relámpagos de recuerdos ya envejecidos. Un silencio enloquecedor solamente roto por los atronadores gritos de un alma herida. Lágrimas de tristeza caen del cielo en un continuo diluvio de sueños perdidos, mientras un viento cruel y desgarrador aúlla ese adiós que por siempre se instaló en lo más profundo de mi dolor. Y resignado sucumbo ante la furia de los elementos de mi desdicha…
Hasta que un tenue sonido llama mi atención. Miro a mí alrededor y, en la oscuridad de la tormenta, puedo percibir un ulular proveniente de una pequeña cueva cercana, en la que no había reparado hasta ahora. Curioso, olvidada la tormenta por un momento, decido investigar. Se trata de un pequeño escondrijo, lo suficientemente grande como para que pueda caber por completo dentro. Una vez en su interior, veo el origen del sonido: un pequeño búho que me mira fijamente, irradiando curiosidad y… ¿satisfacción? Intento no moverme demasiado, pero el pequeño animal no parece asustarse. Todo lo contrario, una vez que ya estoy dentro de la cueva deja de ulular, cierra los ojos y se queda inmóvil. Es entonces cuando me doy cuenta de lo cansado que me siento. Miro afuera y veo que la tormenta sigue en todo su apogeo, pero aquí dentro al menos me encuentro protegido de su azote. Tras murmurar un breve agradecimiento al búho que me descubrió este refugio, me acurruco y caigo profundamente dormido.
Despierto sobresaltado, sin saber muy bien donde me encuentro. Poco a poco los sucesos de la noche anterior vuelven a mí. Miro a mi alrededor, pero no hay rastro ya del pequeño búho. Un poco apenado por su ausencia, estiro mi cuerpo y decido salir de la cueva. Para mi asombro, me recibe un cielo azul y limpio, el sol radiante brillando con fuerza y un ambiente fresco pero revitalizante. Es cierto, se me había olvidado: después de la tormenta siempre viene la calma. Y me doy cuenta de que gracias al sabio búho he aprendido la lección de no tengo por qué resignarme ante su azote, disponiendo de tantos refugios en los que poder guarecerme. Sin embargo, la tormenta me había desorientado, y me hallo ahora sin idea alguna de donde me encuentro. ¿Qué hacer? ¿Hacía donde debería dirigirme? La angustia por encontrarme perdido amenaza con invadirme hasta que un nuevo ulular hace que me gire hacia la entrada de la cueva donde, grabado en el suelo, puedo ver un símbolo conocido. Sonriendo, respiro hondo y me tranquilizo. Miro otra vez el hermoso día, y pienso que quizás no sea tan malo estar un poco perdido. Así, lanzo un agradecimiento al aire y parto en dirección hacia lo desconocido, deseoso de descubrir las maravillas que me deparará el nuevo día. ¿Mi guía? La rosa de los vientos que el búho para mí dibujó. 


miércoles, 20 de septiembre de 2017

¡Vive!

¡Vive! No hay meta más importante, ni obligación más acuciante... ¿Cuál es el sentido de la vida, sino vivir? Vivir el momento, cada segundo que llega a nuestras manos y que tan rápido como aparece nos abandona. Pero es en ese segundo en el que tenemos que vivir, ni en el tiempo que ya ha pasado, ni en el tiempo que todavía está por venir.

¡Vive! Libre de todo cuanto te ate a lo que no eres, de aquello que te impida manifestar plenamente tu esencia más profunda. La sombra del pasado es larga y su atadura poderosa, un canto seductor que nos impide avanzar. Pero el pasado no es un refugio, no es una protección; tan solo es el camino que hemos recorrido hasta ahora, y que para avanzar deberemos abandonar.

¡Vive! Segundo a segundo, embriagándote con todo cuanto te rodea, amando cada momento como algo nuevo e irrepetible que nunca volverá... O quizás sí, ¿quién puede saberlo? Pues el futuro es tierra de nadie, ¿cómo saber que ésta no será nuestra ultima respiración? No, el futuro no es una certeza, sino un terreno desconocido por descubrir

¡Vive! Porque el tiempo es finito, y nuestra vida demasiado corta como para no disfrutarla. Porque sólo nosotros debemos ser los autores de nuestra propia obra, nadie más puede escribirla por nosotros. Porque sólo nosotros debemos ser el protagonista de nuestra propia historia, nadie más puede vivirla por nosotros.

¡Vive! Pues no hay mayor tristeza que morir sin haber vivido. No hagas caso a los miedos, a la duda, a la angustia, al dolor, ni a las excusas que nos intentan controlar. Tú eres el dueño de tu vida, no hay mayor verdad. Así que respira hondo, reúne la fuerza que late en ti, levanta la mirada, enfréntate a tus miedos y al mundo, y...

¡VIVE!


miércoles, 15 de marzo de 2017

La zona de confort


El concepto de la “zona de confort” es de sobra conocido para mí. Han sido muchos años de mi vida encerrado en dicha zona, atrincherado tras la rutina y lo conocido, escondiéndome ante el cambio y lo desconocido. La mente humana es algo maravilloso, pero su poder no siempre nos ayuda. Pues la mente fácilmente convierte una prisión en un paraíso terrenal y la tierra llena de promesas que nos rodea en un yermo plagado de peligros y carente de belleza. Así, no es difícil sucumbir ante los miedos y convencernos a nosotros mismos que no necesitamos nada más que lo que ya tenemos, eligiendo así aislarnos de las novedades y todos los peligros que éstas conllevan… rechazando así también todo lo bueno que podríamos descubrir. Conocer el concepto de la zona de confort es, por lo tanto, un paso importante para ser conscientes de la tendencia humana a acomodarse en dicha zona y para aprender a atravesar sus límites y crecer.

El vídeo transmite una elección esencial: la importancia de confiar en uno mismo, establecer una meta propia y trabajar por alcanzarla. El apego a la zona de confort suele ser un impedimento habitual que nos limita a la hora de perseguir nuestros sueños. Al fin y al cabo, si no salimos de nuestra zona de confort difícilmente podremos lograr nada nuevo. Es por ello necesario ser conscientes de los beneficios que otorga salir de la zona de confort. Especialmente interesante es tener en cuenta que, tal y como explica el vídeo, adentrarte más allá de los límites de la zona de confort no implica perderla, sino que en realidad se acaba ampliando y enriqueciendo.

Ahora bien, la teoría es algo muy interesante y útil, pero no sirve de nada si no se pone en práctica. La teoría puede ayudarnos a darle armas y preparación a nuestra motivación, pero a la hora de la verdad será indispensable que le prestemos toda nuestra fuerza para poder vencer a los miedos. Esto no es tan sencillo, pues tendemos a albergar un gran número de miedos en nuestro interior que dificultan la tarea. Y el principal problema radica en que la mayoría se alojan en el subconsciente, difícilmente accesible a través de la teoría o la reflexión. El vídeo nos enseña claramente el principal impedimento a la hora de superar el apego a la zona de confort: ¿Y si te sale mal? Los miedos nos hacen temer a lo desconocido, a esa “zona de pánico”, y con ello nos impiden ver que en realidad se trata de una “zona mágica” llena de posibilidades. Pero… ¿Y si me sale mal? Llevo años luchando por reducir mi apego por la zona de confort, y puedo asegurar la dificultad de vencer sobre ese tipo de miedos subconscientes. Sin embargo, también soy testigo del inmenso poder que ganamos sobre nuestras vidas cuando, tras una larga lucha, llega el día en que nos damos cuenta de que: ¿Y si me sale bien?

lunes, 6 de marzo de 2017

El pequeño búho

Dedicado a mi estrellita del Sur.

¿Cómo nace una estrella? ¿De dónde vienen? ¿Qué misterios guardan tras su brillo? Esas preguntas y muchas otras pasaban continuamente por la cabeza de un pequeño búho que se pasaba todas las noches contemplando el firmamento nocturno habitado por mil estrellas. Todas y cada una de ellas eran viejas conocidas del pequeño búho, fieles compañeras que lo arropaban con su brillo noche tras noche. Aún cuando las nubes ocultaran el cielo, él nunca dejaba de percibir su presencia.
Fue siendo muy jovencito cuando el pequeño búho empezó a sentirse fascinado por el cielo estrellado. Mientras los demás búhos se afanaban en sus tareas, él no podía evitar alzar la vista y quedarse extasiado ante tan hermoso espectáculo. Sus más jóvenes compañeros se reían y burlaban de él, insistiéndole en que dejase de perder el tiempo con algo tan aburrido y que se dedicara a disfrutar más de los juegos, como el resto. Los búhos más ancianos también arremetían contra él, acusándole de soñador y holgazán, instándole a dejar de perder el tiempo con tonterías fuera de su alcance para dedicarse a la caza y a las demás tareas prácticas que todo búho que se precie debe realizar.
Al principio, temeroso de las críticas del resto, el pequeño búho trataba de comportarse como sus demás compañeros. Pero, de vez en cuando, no podía evitar alzar la vista y sumergirse en la luz estelar. Una luz que invitaba a la contemplación. Una luz que invitaba a la atención. Una luz que invitaba a la reflexión. Y poco a poco, el pequeño búho dejó de esforzarse tanto en imitar acciones vacías de significado, de dejarse influenciar por opiniones vacuas y comenzó a cambio a dejarse llevar por lo que desde dentro le llenaba.
Así, mientras el resto de compañeros se afanaban en jugar, cazar y en otros quehaceres “propios de los búhos”, como dirían los más ancianos, el pequeño búho se acomodaba cada noche en la rama más alta del árbol más alto y observaba con atención y reverencia el cielo estrellado, abriéndose a la inmensidad de un conmovedor espectáculo que escapaba de su comprensión, anhelando aprehender el misterio que noche tras noche se presentaba ante él. Hasta que una noche, algo sucedió.
Era una noche oscura. Un manto de nubes cubría el firmamento, pero el pequeño búho se erguía una vez más fiel en su atalaya, conocedor de que la luz de las estrellas seguía brillando más allá de las nubes que las ocultaban. Y en un momento, sin motivo aparente, sin razón, algo surgió en él. Un deseo, un desafío, una convicción. Con la vista fija en la oscuridad, como si observara algo invisible para los demás, desplegó las alas y comenzó a volar.
Voló y voló, sin descanso, siempre hacia arriba. Pronto dejó atrás los sonidos de la foresta, sumergiéndose en el silencio y la oscuridad más absolutas. Pero siguió ascendiendo, siempre con un rumbo fijo. El tiempo pasaba, el frío atenazaba cada vez más y el cansancio comenzó a hacer mella en él. Pero lejos de rendirse el pequeño búho siguió ascendiendo, empujado por un fuego interno que rugía con fuerza. Y cuando la flaqueza amenazaba con apoderarse de su cuerpo, cuando la convicción empezaba a dejar paso a la desesperación, entonces alcanzó el manto de nubes y se sumergió en él.
Inicialmente sorprendido y desorientado, pronto comprendió, y con energías renovadas redobló el ritmo dirigiéndose hacia la luz que se empezaba a vislumbrar más allá de las nubes. Pero, tan cerca como estaba de su ansiado objetivo, las fuerzas le empezaron a fallar. Cuanto más se acercaba más difícil era continuar. Las alas le pesaban, la respiración se le entrecortaba y el fuego que le había alimentado parecía apagarse rápidamente, consumiéndose junto con él. Tan cerca, y a la vez tan lejos. Casi al alcance de su pico, pero incapaz de continuar. Y cuando parecía que no lo iba a conseguir, cuando la conciencia comenzó a abandonar su cuerpo y las tinieblas invadieron su interior… Con un último esfuerzo titánico batió sus alas una vez más, logrando salir por fin de entre las nubes. Y su cuerpo exhausto, inerte y vacío, fue entonces envuelto por una radiante luz, fue llenado por un imparable torrente de serenidad y paz.
¿Cómo nace una estrella? ¿De dónde vienen? ¿Qué misterios guardan tras su brillo? No son preguntas que el resto de búhos se haga. Ya suelen decir los ancianos: si vives mirando al cielo, no verás los ratones que corretean por el suelo. Si alguno de los compañeros del pequeño búho fue consciente de su marcha, pronto se olvidaron. Siguieron viviendo como viven los búhos, noche tras noche con la vista fija en el suelo. Indiferentes al firmamento nocturno habitado por mil y una estrellas.

domingo, 16 de octubre de 2016

¿Quién tiene razón?

Hay ocasiones en las que una o varias personas realizan una afirmación sobre nuestro comportamiento, forma de ser o personalidad con la que no estamos de acuerdo. Entonces, en estos casos...¿Quién tiene razón?

Mi primera impresión es que es la propia persona quien tendrá razón. Al fin y a al cabo, no hay nadie que nos conozca mejor que nosotros mismos... ¿No? Aunque, si lo pensamos bien, ¿cuántas veces nos engañamos a nosotros mismos? ¿Somos realmente conscientes de nuestra verdadera naturaleza, de lo que hacemos en cada momento? Pensándolo bien quizás sean los demás quienes tengan mayor capacidad para poder ver objetivamente lo que hay, mientras que nosotros sólo conseguimos ver lo que creemos que hay.

Recuerdo, hace unos cuantos años, cuando todavía ni siquiera conocía que existía otro camino. Me recuerdo explicándole a aquella chica por qué prefería la "comodidad" de mi habitación a salir de fiesta y defender férreamente mi postura ante sus dudas sobre si realmente era feliz con una vida así. ¿Quién tenía razón? Pues al momento me di cuenta de la respuesta, sin ningún tipo de duda: ella. Sus dudas eran acertadas, y mi defensa no era más que una artimaña, no tanto para engañarle a ella sino más bien para engañarme a mí mismo y no aceptar una terrible realidad: la elección libre de una forma de vida que no me hacía feliz.

Recuerdo también otro caso más reciente, y también más positivo. Mucho había cambiado desde aquella ocasión y esta vez me encontraba ya dando mis primeros casos por el verdadero Camino, que comenzaba a extender delante de mí como una pista de despegue. Fue un comentario habitual, simple, en el que expresaba uno de mis mayores problemas: mi timidez. Pues la sorpresa fue muy grande al contemplar el claro escepticismo de mi interlocutora, que con una seguridad palpable afirmó que yo no era tímido. Una vez más, descubrí que no era yo quien tenía la razón. Hablaba desde un conocimiento anticuado de mí mismo, pensando en la gran timidez que tantas trabas me había supuesto en el pasado... Sin darme cuenta de que lo que creía que era un rasgo ineludible de mi personalidad, en realidad no era más que una parte de la crisálida que con mi maduración comenzaba poco a poco a resquebrajarse. Pero sin ser consciente de ello hasta que alguien supo mostrármelo.

Creemos que nos conocemos bien, pero no siempre es así. En ocasiones, la visión objetiva de los demás es capaz de descubrirnos lo que por una razón u otra no somos capaces de ver. Y aunque, como en ocasiones puede suceder, sus observaciones les haga llegar a una afirmación equivocada... Salvo que mientan o quieran de forma deliberada causarnos mal, debemos tener en cuenta que toda afirmación proviene de algún tipo de evidencia. Y quizás nos convenga reflexionar sobre lo que les ha podido llevar a los demás a sacar una conclusión errónea, porque puede ser una señal que nos indique que hay algo que se nos escapa.

¿Quién tiene razón? Lo importante no es la respuesta en sí, que dependerá de cada situación. Lo importante, en realidad, es la pregunta. Hacerse la pregunta, parar a reflexionar, y hallar tu propia respuesta. Esa es la clave que nos permitirá dar un paso más en nuestro Camino.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Amanecer a una nueva vida

Porque el sol nunca desaparecerá para quien sepa ver más allá de las nubes.

Porque la oscuridad nunca ocultará el mundo para quien sepa escuchar.

Porque éste puede ser el primer amanecer de una vida nueva y libre.

Una vida donde solo reine el amor y la felicidad.


jueves, 24 de septiembre de 2015

Una mañana especial

Salgo de casa y me abraza el frío. Pero no un frío helador o posesivo, sino un frío amable y refrescante. El cielo azul me saluda, mientras los rayos del madrugador sol me acarician templando mi piel. Y la música... La música llena mis oídos y me transporta fuera de mi cuerpo para poder disfrutar de esta excelente mañana sin ataduras.

Temo que es un corto viaje hasta el instituto, donde pasaré encerrado el resto del día. Aún así, es suficiente para renovar mi entusiasmo y volver a hacer que luzca mi sonrisa. La vida está llena de este tipo de pequeños momentos de felicidad. Sólo cuando seamos capaces de reconocerlos y aprovecharlos, entonces podremos vivir de verdad.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Quiero soñar

Hay momentos en que no puedo evitar dejarme llevar y soñar despierto. ¿Que culpa tengo yo si siempre he sido un soñador? Mañana será otro día, pero hoy me apetece soñar...

Quiero soñar y volar alto por un cielo de libertad y sin fronteras. Que no haya límites, todo el horizonte a mi alcance, sin nubes que oscurezcan la vista, ni viento que se oponga a mi vuelo.

Quiero soñar y hundirme en la profundidad de un mar de emociones desatadas, lágrimas de emoción, de dolor, de alegría y de tristeza, todas unidas formando un vasto océano donde perderme para así volverme a encontrar.

Quiero soñar y subir a las más altas montañas desde donde poder observar el mundo a mis pies. Poder desde mi atalaya tocar el suave brillo de las estrellas, admirar la fiereza del sol y seducir a la hermosa luna.

Quiero soñar y recorrer valles y praderas cubiertos por un florido manto, bañarme en ríos que me hablen de su largo viaje y contar los granos de arena de cada desierto. Dejar por un momento de ser yo, que la madre tierra me acoja en su seno para así serlo todo.

Y aunque mañana llegue el momento de despertar, ahora quiero soñar... Soñar con aquello que no tengo y tanto deseo... Soñar con que algún día quizás mis sueños se hagan realidad. ¿Que culpa tengo yo si siempre he sido un soñador? El mañana puede esperar, pues hoy quiero soñar...

miércoles, 22 de abril de 2015

El hombrecillo de sal

Hay una expresión que probablemente todos hemos escuchado alguna vez: encontrarse a uno mismo. Muchos pueden pensar que no es más que una tontería espiritual; sin embargo, yo creo que tendemos a pasar por nuestra vida de forma tan superficial que nunca llegamos a conocernos del todo. Lo buscamos todo fuera de nosotros, entretenimiento, satisfacción, felicidad... Buscamos de forma desesperada, sin darnos cuenta de que la fuente de todo cuanto da sentido a nuestra vida no se encuentra en el exterior, sino dentro de nosotros. En todos nosotros reside un abismo, algo enorme y difícil de comprender, algo que todos podemos sentir pero no sabemos qué es. Eso, es lo que de verdad somos. Pero hay algo muy importante a la hora de acercarse a ese abismo y llegar a entenderlo: para poder encontrarte a ti mismo, primero habrás de abandonarte.

Había una vez un hombrecillo de sal que habitaba en el desierto. Un día, cansado de la monotonía del lugar y de una vida sin aparente sentido, decidió viajar y conocer mundo. Tras una gran travesía, llena de peligro y aventuras, de alegrías y tristeza, llegó finalmente a la orilla del mar. Por primera vez en su vida contempló extasiado esa gran extensión de agua que se extendía, abarcando todo el horizonte, brillante bajo los rayos del sol. Atraído por la belleza de semejante visión, intrigado por aquella inmensidad que no podía comprender, el hombrecillo se acercó a la línea en que la blanca arena de una playa se fundía en un abrazo con las aguas en lento e hipnótico movimiento. Allí preguntó: "¿Quién eres?". El murmullo del oleaje tomó entonces fuerza y una voz profunda y poderosa le respondió: "Yo soy el Mar". "¿Qué es lo que eres?", volvió a preguntar el hombrecillo, ansioso por conocer aquel misterio que delante de su vista escapaba a su comprensión. "Yo soy el Mar", fue de nuevo la respuesta que recibió. "No entiendo", comentó confuso el hombrecillo. "Toca mis aguas y podrás comprender". Cuidadosamente el hombrecillo se acercó más a las aguas y hundió las puntas de sus dedos en ellas. Una chispa de conocimiento bailó por su mente, pero tan rápida como había aparecido volvió a desaparecer. "Sigo sin entender" murmuró más confuso aún, viendo cómo sus yemas habían sido disueltas al entrar en contacto con el mar. "Adéntrate en mis aguas, báñate en mí y entonces lo entenderás". Decidido a encontrar sus respuestas el hombrecillo comenzó a adentrarse en el agua. Cuanto más avanzaba, más cubierto quedaba por el mar, adelgazando a medida que las aguas disolvían su cuerpo. Sin embargo, poco a poco comenzaba a comprender, y lejos de asustarse avanzó con mayor resolución al encuentro de esa inmensidad que le esperaba con los brazos abiertos. Así, cuando su cuerpo era ya apenas una delgada línea, una ola cayó sobre él, cubriéndolo completamente. Y fue en ese momento, ese último instante en el que su cuerpo terminaba de disolverse en las aguas que lo cubrían, cuando lo pudo comprender: "Ahora lo entiendo... El mar... El Mar soy Yo".

Dedico este cuento a Pon, quien en tantas ocasiones me pidió que le contara uno.


lunes, 9 de marzo de 2015

Euritan dantzan

Porque a veces, aunque el sol brille con fuerza en el exterior, sólo nubes encuentras dentro de tí. Los ojos húmedos, presagiando la lluvia de lágrimas con las que amenaza esa tormenta que no deja de crecer, alimentada por el silencio, la culpabilidad y la incomprensión. Una tormenta capaz de oscurecer el cielo azul, de arruinar hasta la más preciosa puesta de sol.

Pero no puedes dejarla, no debes permitir que se apodere de ti. Así pues... ¿Qué hacer cuando sólo lluvia encuentras dentro de ti?

Baila, baila bajo la lluvia hasta que la tempestad se de por vencida y desaparezcan las nubes. Porque lo sabes: después de la tormenta volverá la calma y el sol volverá a brillar.






sábado, 4 de octubre de 2014

Atardeceres

Creo que todos conocemos que los atardeceres son uno de los momentos más mágicos y hermosos del día. Durante mi Erasmus tuve la oportunidad de contemplar un precioso espectáculo, con el sol a un lado del cielo y la luna en el lado opuesto, el cielo convertido en un colorido cuadro separado en dos mitades que luchaban por dejar su huella en el lienzo azul. Fue un mágico momento que dudo mucho que pueda llegar a olvidar.

Ayer, subiendo y bajando por nuestra accidentada costa, volví a tener la oportunidad de vivir un mágico atardecer, en esta ocasión siendo tanto el cielo como la tierra parte de una exquisita obra que dejó una profunda huella en mi interior. A mi izquierda las verdes campas cubriendo todo cuanto la vista alcanzaba, a mi derecha el mar azul extendiéndose hasta el horizonte y uniendo ambos paisajes playas y acantilados adornando la breve transición entre tierra y mar, mientras la bruma marina lentamente se dirigía tierra adentro difuminando el paisaje con su manto blanco. Y entonces el sol cae, el intenso verde se apaga, el brillante azul se oscurece, el blanco adquiere tonos grisáceos y todo el paisaje queda eclipsado por un horizonte ardiendo en el fuego del astro que por un día más se retira a dormitar. Y yo desde un alto en el camino me estremezco al ser testigo de tan hermoso momento.

Dicen que la felicidad proviene de los pequeños momentos. Seguramente sea cierto ya que ayer, durante un breve momento, fui eternamente feliz.

Foto sacada de internet

viernes, 12 de septiembre de 2014

Duke Pitchforks

Nuevo descubrimiento musical: un grupo de jóvenes regalando hermosas melodías usando solamente su voz. Una canción que no puedo dejar de escuchar, que me hace estremecerme con una intensidad abrumadora, que me transporta a una dimensión desconocida donde sumergirte en un mar de notas que acarician suavemente tu alma.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Reminiscencias

Hace poco menos de un mes creé una página de facebook para el blog. He decidido aprovechar la oportunidad para rememorar viejos tiempos, volver a leerme todas las entradas publicadas desde el comienzo y compartir aquellas más hermosas o que más han significado para mí, comentadas desde el conocimiento actual. Básicamente será una selección en la que poder encontrar las entradas que realmente merecen la pena, de otra manera ocultas entre tanta paja. La verdad es que es curioso releer todo lo que hace unos años escribí. Hay entradas que recuerdo perfectamente, otras que parecía haber olvidado pero que vuelvo a descubrir con agrado, e incluso algunas de las que no tengo recuerdo alguno. Reconozco que a veces puede resultar un poco doloroso, ya que hay entradas que desentierran recuerdos felices y hermosas experiencias que por desgracia ya no volverán. Pero me gusta poder volver a sumergirme en esa época en la que la inspiración me seguía a todas partes y gracias a la cual creé preciosos escritos que a día de hoy me sorprenden gratamente, pues hace tiempo desde que me abandonó la inspiración y ya parecía haber olvidado lo fácil que me resultaba escribir años atrás. Quizás llegue el día en que las musas regresen a mi lado y una vez más sea capaz de canalizar todo lo que siento a través de palabras entrelazadas en una hermosa danza sin punto y final.

Para quien le pueda interesar, está es la dirección: https://www.facebook.com/miradadelavefenix

domingo, 24 de agosto de 2014

Música en la calle

Vivimos en una sociedad extraña. Nos pasamos la vida buscando lo bello y lo agradable, pero no podemos robar unos minutos de nuestro ajetreado día para disfrutar de las hermosas melodías con las que un músico impregna la calle por la que pasamos. Llegamos a pagar grandes cantidades por poder ver a artistas reconocidos sobre un escenario. Sin embargo, cuando artistas callejeros que aunque quizás con el mismo talento simplemente han tenido menos suerte, nos regalan un espléndido concierto sin pedir nada a cambio más que comprensión y la voluntad, seguimos nuestro camino sin siquiera imaginarnos la posibilidad de parar y dejarnos llevar por una música a la cual en otras circunstancias le habríamos dado nuestro tiempo y dinero sin ningún problema.

Yo lo reconozco, demasiadas veces lo he hecho. Pero hoy, hoy ha sido diferente. Al pasar por ese cruce no he podido evitar saborear las dulces notas que con suavidad se escapaban de ese violín. Como otras veces, he mirado el reloj y me he dispuesto a seguir adelante, tenía que llegar a casa. Pero ya era tarde, la melodía había conseguido atraparme en su abrazo y arrancarme de las garras de la rutina y la estupidez. ¿Tengo que llegar a casa? ¿Para qué? ¿Para pasar lo que resta de tarde con la música que ya he escuchado millones de veces? ¿Para perder el tiempo delante del ordenador? ¿Realmente hay algo por el cual merezca la pena perderse esta oportunidad de disfrutar con esta hermosa música?

Así que por primera vez, me he quedado escuchando. Vibrando con cada nota, como si fuera una cuerda más acariciada por el arco. Dejando que la música limpie una vez más mi alma de todo el polvo acumulado. Disfrutando de ese momento en que todo deja de existir salvo la música y yo.

Puede que haya sido corto, pero suficiente para darme cuenta de que quizás es hora de dejar más huecos en nuestra vida para que en ella tengan cabida este tipo de agradables momentos improvisados. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Wherever you will go

¿Que es la música?

Calor que invade tu cuerpo y fluye como fuego líquido por tus venas.

Un escalofrío que recorre tu espalda y eriza tu vello a su paso.

Electricidad que descarga en tu interior una corriente inagotable de emociones.

Recuerdos atados a melodías que jamás nos cansaremos de escuchar.

Sueños brotando de letras que en nuestra piel han sido tatuadas.

Sentimientos cabalgando sobre notas a la espera de invadir nuestro corazón.

Momentos eternos en los que deja de existir el mundo a nuestro alrededor y nos encontramos solos...

Solos nosotros y la música.


domingo, 17 de agosto de 2014

Abrazado al cojín

La vida es una cadena de ciclos, con momentos en los que nos sentimos fuertes y vivos y momentos en los que levantarse cada mañana supone un esfuerzo hercúleo. Hace poco más de un año entré en la que probablemente haya sido la peor crisis que he tenido que soportar. Con el tiempo y ayuda profesional conseguí salir adelante y pude volver a disfrutar de la vida. Pero ahora me doy cuenta de que en realidad poco había cambiado. En verdad la situación seguía siendo la misma, simplemente aprendí a convivir con ella y a disfrutar a pesar de todo. Pero como todo, las fuerzas se desgastan poco a poco y según pasaban los meses la euforia inicial daba paso a la calma, y la calma parece estar dando paso de nuevo a la desesperación. Al fin y al cabo nada ha cambiado. Cierto es que no puedo quejarme demasiado de mi vida: tengo una estupenda familia que más que una casa me ha concedido un hogar; tengo un trabajo gracias al cual poder ir ganando poder económico y un cuerpo y una mente saludables y robustos. Sin embargo... a pesar de todo eso no puedo evitar sentirme perdido, vacío... Me encuentro sólo, sin amigos con los que poder olvidar las penas. Me encuentro desmotivado, sin ilusiones ni sueños por los que merezca la pena seguir adelante. Atrapado en un trabajo que una vez fue mi pasión pero que ahora solamente es un infierno, perdido en un presente sin futuro. ¿Acaso hay algo más que yo sepa o pueda hacer?

Los días pasan y trato de vivirlos lo mejor posible, pero es duro cuando no hay nada que te ayude a soportar los vacíos de tu interior. Y hay días en los que todo esto me sobrepasa y anhelo poder lanzar un SOS al aíre y que alguien me preste su hombro para llorar. Hay días en los que me gustaría poder pedir ayuda a gritos y refugiarme en brazos que aunque sea por unas horas me hagan sentirme protegido. Hay días en los que mi alma trata de hacerse ver a través de mi máscara, necesitada de que alguien sepa que no, no estoy bien y de que eche abajo los muros que he creado para que pueda soltar todo los sentimientos que en mi interior se han estancado. Pero no, no puedo. Al fin y al cabo, esta es mi lucha y no puedo pretender que los demás la luchen por mí. El resto tiene sus vidas, sus problemas, ¿quien soy yo para querer imponerles parte de mi lastre solo porque me haya dado por vencido? Quizás sea lo que más necesite en estos momentos, pero me parece injusto. Mis dedos se detienen por énesima vez antes de enviar ese mensaje; mi boca se vuelve a cerrar para dejar paso a otro "bien, gracias". Y me vuelvo a acurrucar en la butaca abrazado fuertemente al cojín, llorando hasta que no quedan lágrimas por derramar, deseando poder recuperar esas alas que en mi camino perdí.

PD: por aclarar un poco la situación, he de decir que este no es mi estado de ánimo habitual, ni mucho menos. Sí lo era (o incluso peor) durante la crisis mencionada, pero ahora es sólo algo puntual por circunstancias específicas (como la vuelta de vacaciones). También sé que objetivamente la mitad de lo que he dicho es basura, pero me temo que este conocimiento no tiene mucha fuerza cuando estoy así. Y aunque normalmente trato de evitar publicar nada cuando estoy en uno de estos momentos de bajón y autocompadecencia, hoy he decidido hacer una excepción. Puede que sea basura, pero normalmente expresar algo me suele ayudar a afrontarlo con mayor facilidad. Y bueno, aunque no me guste esta faceta también es parte de mí.

sábado, 16 de agosto de 2014

Mudando la piel 2

Navegando por la red recibí hace poco una sorpresa. Descubrí que alguien había empleado uno de los poemas que hace tanto tiempo escribí para crear un hermoso vídeo que ha calado hondo dentro de mí. Un vídeo donde al son de la música las palabras que en este blog plasmé cobran vida con una fuerza arrolladora y junto a las preciosas imágenes que aparecen ante nuestros ojos consiguen alcanzar un nuevo nivel que yo jamás hubiera esperado. Doy las gracias a Annabel por haber elegido mis letras como inspiración suya y por haberme emocionado tanto con un poema del que ya apenas tenía recuerdo.

Podéis ver el video aquí.

domingo, 10 de agosto de 2014

Let it go

Hoy vuelvo con otra canción Disney. En esta ocasión es una canción del éxito más reciente de la compañía, la preciosa película de Frozen. La canción, como no podría ser menos, es la hermosa Let it go, que me enamoró desde un principio y no puede faltar cuando necesito un pequeño empujón. Es esta una canción que habla sobre algo con lo que tantos soñamos: la liberación.

Que difícil es ser libre, cuando nosotros mismos nos anclamos con cadenas forjadas por nuestros miedos y temores. Vivimos con miedo a lo que nos rodea así como a la opinión de los demás. Nos encerramos en prisiones construidas por nosotros mismos, renunciando a nuestra libertad pensando que así podremos protegernos de los golpes de la vida. Pero no nos damos cuenta de que una prisión jamás podrá protegernos, tan solo nos encerrara en un oscuro rincón de nuestro ser donde nos marchitaremos lentamente. Muchos vivimos también esclavos del pasado, encadenados a memorias, recuerdos, reproches y arrepentimientos, sin darnos cuenta de que tanto lastre nos impide avanzar en nuestro camino y nos condena al sufrimiento de revivir día a día lo que en realidad hace tiempo que dejó de existir. Son tantas las cadenas con las que nos atamos, miedos, fantasmas y excusas de todo tipo que nos impiden seguir adelante. Por eso debe llegar un momento en nuestra vida en que miremos al cielo y descubramos el inmenso espacio que nos espera fuera de nuestra prisión. Debe llegar un momento en el que entendamos que las cadenas que nos retienen solamente podrán hacerlo mientras así lo permitamos. Debe llegar un momento en que sintamos arder en nosotros esa llama interior que todos poseemos y dejar que crezca y que fluya a través de nuestra sangre ahuyentando toda sombra que en nuestro cuerpo se cobijaba. Debe llegar un momento en que reunamos todo cuanto nos preocupa, todo cuanto deseamos, lo que nos hace llorar, lo que nos hace reír, todo cuanto hemos sido, somos y queremos ser… y lo soltemos. Que nuestro cuerpo canalice todo lastre que en nuestro interior hemos acumulado y lo libere sin temor alguno. Y que sea entonces cuando podamos volar libres, siendo los únicos dueños de nuestra vida.


viernes, 8 de agosto de 2014

Paso a paso

Paso a paso. Avanzando sin prisa pero sin pausa. Paso a paso. Nada que pensar, tan solo dónde dar el próximo paso. Fundirte poco a poco con el camino, sumergirte paso a paso en las profundidades de un hermoso paisaje. Mágicos bosques donde árboles, plantas, rocas y musgo crean el más sobrecogedor cuadro que jamás pueda ser pintado. Coloridas praderas donde flores de todo tipo y forma adornan con sus llamativos colores un enorme lienzo verde. Ríos de aguas limpias y transparentes que a su paso por las rocas y guijarros del lecho entonan relajantes melodías que hipnotizan con su suave cadencia. Impresionantes cascadas de rápidas aguas y blanca espuma que con su potente rugido ahogan todo sonido exterior, aislándote en un pequeño espacio donde por un momento sólo existen millares de gotas suspendidos en el aire a la espera de ser recogidos en el abrazo de la gravedad. Paso a paso. El tiempo pasa y no sabes distinguir si te mueves tú o simplemente se mueve el paisaje a tu alrededor. Paso a paso. Los problemas y las preocupaciones se pierden en la inmensidad del espacio que te rodea, mientras dejas que la belleza de la naturaleza impregne cada rincón de tu ser y te vacíe de todo cuanto no necesitas. Un paso detrás de otro, es lo único que en este momento importa. Dejar atrás el estrés y la ansiedad de la exigente ciudad que tanto te han quemado y renacer en este remanso de paz y silencio arropado en brazos de la bondadosa naturaleza. Paso a paso. No hay meta, no hay destino. Tan solo tú, avanzando paso a paso en tu Camino.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...