Hace ya una semana que me monté en ese avión que me alejó de todo cuanto conocía. Recuerdo la primera noche en mi habitación, durmiendo tapado con unos abrigos pues no tenía manta y sin cortinas que tapasen la excesiva luminosidad que a través de las ventanas entraba. Recuerdo las primeras comidas, sólo el jamón que había traído conmigo pues no disponía de cubertería alguna, medios para cocinar o conocimiento alguno de las tiendas. Recuerdo mi primer viaje al centro, perdido en las entrañas de una ciudad desconocida, salvado gracias a esa gran ayuda que nuestro tutor nos ha supuesto.
En sólo una semana tantas cosas han cambiado... Poco a poco me he ido adaptando, comprando y adquiriendo los útiles necesarios, conociendo las diferentes tiendas y los precios más asequibles, estableciendo una dieta lo suficientemente saludable, aprendiendo los lugares más importantes de la ciudad. No voy a decir que me haya adaptado completamente, pues aun me queda mucho camino por recorre, pero desde luego he realizado muchos más progresos de los que en un principio hubiera pensado.
Aun así, hay algo a lo que dudo que pueda acostumbrarme: tu ausencia.
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(Simplemente pretenderé que te abrazo hasta que llegues aquí) |